Vocabulario. Economía de escala.

-Economías de escala. Ventajas, fundamentalmente económicas, obtenidas por las empresas a medida que aumenta su tamaño o se fusionan con otras empresas. Las deseconomías de escala hacen referencia a todo lo contrario.

Los beneficios se refieren a la compra de recursos productivos, a la gestión y asesoramiento, a la innovación tecnológica y a la capacidad de investigación, a la financiación, al marqueting o mercadotecnia, al transporte, la logística…, todos ellos, en su conjunto o individualmente, dan lugar a una disminución del coste por unidad de producción conforme aumenta el número de unidades producidas. En definitiva, el aumento o la concentración empresarial dan lugar, al menos en teoría, a productos más competitivos e innovadores. Como afirma Manuel Parra, socio responsable de KPMG en España y autor del informe El camino hacia la reindustrialización: “Las pymes forman parte consustancial del tejido empresarial español, pero ya estamos observando un proceso de consolidación o concentración y creación de clusters entre las pequeñas y medianas empresas del sector industrial. Estos movimientos les permiten ganar en competitividad, aumentar las inversiones en I+D+i y mejorar el acceso a la financiación o internacionalización”.

En el ámbito agrario las deseconomías de escala son una constante, sobre todo en lo referido a las pequeñas y medianas explotaciones que constituyen una parte importante de la superficie productiva. Esta situación se reproduce en la superficie olivarera, aunque con importantes variaciones territoriales. Una situación que se palía en parte a través del asociacionismo, sobre todo en lo referido a la compra de recursos para el tratamiento agronómico, a la molturación y, en menor medida, a la comercialización. Las grandes superficies, si bien en sí mismas conforman en mayor medida economías de escala, raramente tienen un tamaño suficiente para optimizar al máximo su proceso productivo, sobre todo teniendo en cuenta las necesidades en el ámbito de la industria agroalimentaria.

Por tanto, aunque con importantes diferencias en función de la capacidad productiva de empresas individuales o asociativas, los beneficios de la economía de escala son insuficientemente aprovechados por la actividad oleícola. Ello deja al sector en una situación de inferioridad competitiva que impide el desarrollo adecuado de todas sus potencialidades. El cultivo y gestión de la superficie olivarera, la molturación de calidad, el embotellado y la conservación, la gestión y la innovación, el transporte y la logística, la mercadotecnia y, en general, todo lo que acompaña al proceso, reciben un tratamiento inadecuado e insuficiente. Una pequeña empresa no está interesada en técnicas de fabricación, producción o gestión sofisticadas, son las empresas grandes las que se benefician de los recursos tecnológicos y de otra índole que dan lugar a una distribución de los gastos en una mayor cantidad de unidades productivas

A modo de ejemplo, pueden citarse entidades asociativas cooperativas de tamaño reducido, almazaras individuales, o pequeñas explotaciones ecológicas que tratan de rentabilizar su producto en un contexto de olivicultura convencional; aunque el producto final puede resultar más caro, las dificultades para la obtención de abonos orgánicos, el transporte de las aceitunas hasta puntos de molturación adecuados y, sobre todo, la comercialización… por mencionar solo algunas de los inconvenientes, no rentabilizan suficientemente la actividad. Para que esta última `deseconomía´ se constituya en economía de escala, sería necesario una gran superficie de olivar ecológico que, conjuntamente, se abastezca, molture, gestione y comercialice buscando la máxima calidad y rentabilidad de su producto. Como estos, pueden utilizarse multitud de ejemplos que explican la actual situación del sector, una situación que en el caso de algunas explotaciones sitúan su rentabilidad en términos negativos, aunque su productividad resulte satisfactoria.